domingo, 3 de abril de 2011

Meditanuela

Antes de ponerse a intentar no hacer nada, Meditanuela ha preparado la mochila con los libros para el día siguiente, ha bailado al compás de Shakira, mirándose en el cristal de la puerta, se ha relamido con un bocadillo de chocolate negro con aceite de oliva y sal gruesa y se ha bebido un té con canela. También a cepillado a Colores, el gato y ha sacudido la pequeña manta de su cesta. Después ha quedado con Lucas en la biblioteca. Meditanuela ha mirado esta vez de su ombligo hacia afuera. Se ha convertido en un globo que se escapa de la mano de un niño y se eleva. A la altura de los helicópteros ya se veía la gente muy pequeña. Un poco más arriba las casas se difuminaban con la tierra. Luego las nubes lo tapaban todo. Más lejos el planeta azul parecía una canica. Y... Dios mío, vista de lejos nuestra galaxia no es más que otro puntito en el universo. Poco a poco la joven Meditanuela va volviendo de un viaje que sólo ha durado un instante y le ha parecido eterno.
Se ha quedado un rato quieta con la mano sobre el ombligo que hoy le parece el planeta más pequeño que existe. Ha respirado profundo tres veces. Se ha puesto de lado antes de levantarse y se ha dirigido al cuarto de baño caminando lentamente. Mirando al espejo, su aliado, ha dicho:
Soy una chispa de universo.
C. Orozco

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